Declaración Doctrinal

La Trinidad

Creemos que la Deidad existe eternamente en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estos tres son un solo Dios, siendo de la misma sustancia, esencia, naturaleza, atributos, perfecciones y propósitos, y son dignos de la misma confianza y obediencia. La subordinación del Hijo y del Espíritu Santo es la de función entre responsabilidades divinas (Dt. 4:35; 6:4; Mt. 28:19; Jn. 14:26, 15:26; 2 Co. 13:14; 1 P. 1:2).


Dios el Padre

En la Biblia se presenta a Dios como el Creador, Preservador, Salvador y Gobernador del universo y se le nombra como Elohim, Jahveh y Adonai. Dios es el Ser Supremo, eterno, omnipotente, omnisciente, omnipresente e inmutable. Estos atributos son exclusivos de la deidad.   (Mal. 2:10-11; Hch.17:28-29; Gn. 1:1; Jn. 1:3,10; Ef. 3:14-15; Stg. 1:17; Ex. 4:22; 2 S. 7:14; Ro. 8:16-17; Col. 1:12-14).


Dios el Hijo

Creemos en la personalidad y deidad del Señor Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, concebido en su humanidad por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, verdadero Dios y verdadero hombre  (Jn. 1:1-3, 14; 10:30; 1 Ti. 3:16).


Dios el Espíritu Santo

Creemos en la personalidad y divinidad del Espíritu Santo, la fuente y poder de toda adoración y servicio aceptable. Él es el intérprete infalible de la Palabra infalible, y mora en cada creyente verdadero desde el momento de su salvación. Siempre está presente para testificar de Cristo, y busca hacernos estar ocupados con el Señor Jesús más que con nosotros mismos o con nuestras experiencias (Ef. 1:13; Jn. 15:26; Hch. 1:8; Ro. 8:9; 1 Co. 3:16).


Las Sagradas Escrituras

En vista de que todo lo que Dios ha hecho y hará, es razonable creer que El quisiera comunicar esta verdad al hombre. Esta revelación ahora es completa y el resultado es la inspiración de las Escrituras. Ya no falta nada (2a Ti. 3:16-17).  Así las Escrituras en su forma original eran perfectas, completas e inerrables. La Palabra de Dios fue dada a través de más de 40 autores humanos durante un período de aproximadamente 1600 años. La Biblia normalmente debe ser interpretada literalmente, es decir, la interpretación normal, histórico-gramatical.


Las dispensaciones

Son los diferentes períodos de tiempo en los cuales Dios ha usado pruebas distintas para con el hombre. Aunque la palabra “dispensación” no se usa de esta manera en la Biblia, se reconoce que estas diferencias existen. La mayor parte del Antiguo Testamento (desde Éx. 20) toca la dispensación de la Ley que fue dada a Israel en tiempo pasado. La dispensación de la Gracia, formando la Iglesia a través de la obra del Espíritu Santo, que comenzó en el día de Pentecostés (Hch. 2), continuará hasta la venida del Señor en el aire. El Reino, que es del tiempo futuro cuando Cristo reinará desde Jerusalén por mil años, cumplirá Sus promesas a Israel y la Iglesia reinará con Él. Las dispensaciones no son diferentes modos de salvación porque en cualquier tiempo la salvación es por la fe en la provisión de Dios a través de la sangre derramada (Heb. 9:22). Son diferentes pruebas o maneras en que Dios trata con los hombres. Creemos en el dispensacionalismo tradicional o histórico. Las dispensaciones no son progresivas.


Los ángeles santos y los caídos

Creemos que Dios creó una compañía de seres, espíritus que se llaman ángeles. Lucero, el mayor en rango, pecó por el orgullo y cayó, así llegando a ser Satanás, el diablo. Creemos que de estos espíritus, muchos se identificaron con él en su caída. Algunos son llamados demonios y están activos en el día de hoy cumpliendo los propósitos impíos de Satanás. Otros son llamados ángeles caídos y están guardados bajo oscuridad en prisiones eternas para el juicio del gran día (Jud.6; 2 P. 2:4). Desde el momento del rechazamiento de Dios, Satanás se hizo el enemigo abierto y activo de Dios juntamente con los ángeles que cayeron con él (Ap. 12:4). Encontrándose incapaz de enfrentar a Dios directamente, empleó sus esfuerzos contra la creación de Dios. Su primer blanco era el hombre hecho a imagen de Dios. (Gn.1:26-27; 3:1-7).


El hombre

Creemos que el hombre fue creado a imagen de Dios, según Su semejanza, como se dice en Gn.1:27. La raza humana entera fracasó en la caída del primer Adán.   El resultado era que el Santo Dios tuvo que poner Su creación bajo maldición, incluyendo al hombre y a su esposa. No solamente se dañó por la caída, sino también perdió totalmente la comunión con Dios.   Además perdió la vida espiritual y quedó muerto en delitos y pecados y sujeto al poder del diablo (Ef. 2:1-5).


La Salvación

Creemos que cuando una persona no regenerada ejerce fe en Cristo y en su obra en el Calvario, pasa inmediatamente de la muerte espiritual, y de la creación vieja a la nueva. Aunque el salvo puede crecer en el reconocimiento de sus bendiciones y conocer una medida más extensa del poder divino en su vida, en el momento en que es salvo, él está en posesión de cada bendición espiritual y es absolutamente completo en Cristo. Por eso de ninguna manera es requerido por Dios el buscar la así llamada “segunda bendición” o “una segunda obra de gracia” (Tit. 3:4-6; Ef. 1:3, 7: Col. 2:10; 1 P. 1:18-19; Ro. 1:16-17; Gá. 3:22; Ro. 5:1; 2 Co.5:17; Ef. 2:8-9).


La seguridad del creyente

Creemos que cada creyente renacido de Dios, redimido por la sangre de Cristo, es guardado por el poder de Dios y eternamente seguro por aquel mismo poder de Dios.

Lo creemos por causa de la naturaleza misma del don de la vida eterna, por medio de la obra intercesora de Cristo en el cielo, por los pactos inmutables de Dios, y por la presencia perdurable del Espíritu Santo en la vida del creyente.

Sin embargo, creemos que Dios no puede excusar pecado en la vida de sus hijos, y trae medidas disciplinarias sobre los suyos que persistentemente violan sus leyes conocidas. Pero se ha comprometido a salvar y guardarles para siempre aparte de mérito humano, a fin de presentarles sin mancha delante de su gloria con gran alegría (Jud. 24; Jn. 5:24; 10:28-29; Fil. 1:6; 2 Ti. 1:12; He. 7:25; 1 Co. 6:19-20; Ro. 8:29; 1 Jn. 2:1-2; 5:13; He. 12:5-11; 1 Co. 11:30).


La iglesia verdadera

Creemos que la Iglesia se compone de todos los que verdaderamente confían en el Señor Jesucristo como su Salvador. Tales creyentes forman el cuerpo y esposa de Cristo, y cada creyente, sea judío o gentil, es bautizado por el Espíritu en este cuerpo (1 Co.12:13).  Habiendo llegado a ser así miembros unos con otros, somos responsables de guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz y a superar todos los prejuicios denominacionales (Ef. 1:22-23; 2:19; 5:25-27; 4:1-3). Creemos que el bautismo por inmersión en agua y la Cena del Señor son las únicas ordenanzas de la Iglesia, y que cada creyente es responsable de ser bautizado y seguir en la comunión de la Santa Cena (Mt. 28:19-20; 1 Co.1:23-29).


La segunda venida de Cristo en dos fases (pre-tribulacional y pre-milenial)

Creemos que según la palabra de Dios el próximo gran evento en el cumplimiento de profecía será la venida del Señor en las nubes para recibir a los suyos que viven y quedan hasta su venida, y también a los creyentes fallecidos (“los muertos en Cristo, los que duermen”). Este evento es la esperanza bienaventurada puesta delante de nosotros en las Escrituras. Por esto debemos estar con los ojos fijos constantemente en esta esperanza (Jn. 14:1-3; 1 Co. 15:51-52; Fil. 3:20; 1 Ts.1:10; 4:13-18; Tit. 2:11-14).

Después de este arrebatamiento de los creyentes de la tierra, habrá un período de tribulación, la ira de Dios sobre un mundo incrédulo, que culminará con la venida del Señor Jesucristo a la tierra en poder y gran gloria para establecer Su reino de justicia.  Esto introducirá el milenio, un período de mil años durante el cual Satanás será atado en el abismo y la maldición será quitada parcialmente que ahora está sobre la creación.  Israel será restaurada a su tierra y realizará enteramente el cumplimiento de los pactos dados a Abraham, a David por el Nuevo Pacto (Jer.31:31-34; He.8:8-12Mt.24:15-25; Ro.8:19-23; Ez.37:21-28; Ro.11:25-27; Ap. 20:1-10).


La eternidad de los creyentes

Creemos que las almas y espíritus de los que han confiado en el Señor Jesucristo como Salvador, al momento de la muerte pasan inmediatamente a la presencia del Señor.  Allí quedan en un estado de felicidad consciente hasta la resurrección del cuerpo que se realizará en el arrebatamiento. En ese momento el espíritu y alma serán reunidos con su cuerpo (que también será glorificado) y estarán con Cristo en gloria para siempre (Lc.23:43; 2 Co. 5:1-8; Fil.1:23; 3:20-21).


La eternidad de los incrédulos

Creemos que al momento de la muerte los espíritus y almas de los que nunca recibieron a Cristo como Salvador, pasan inmediatamente a un estado de miseria y tormento hasta el juicio final del Gran Trono Blanco, al terminar el milenio, el reino terrenal de Cristo.  Entonces alma, espíritu y cuerpo serán reunidos, juzgados y echados al lago de fuego.  No serán aniquilados sino juzgados con tormento y separación eterna de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (Lc.16:19-26; 2 Ts.1:7-9; Jud.6-7; Ap. 20:11-15).